Allegro con brio

Allegro con (La)brio(t)

sección musical de vanguardia

1-

EL METRONOMO

Todo estudiante de música debe comprarse un metrónomo. No se puede empezar sin este corazón de reloj que no hace más que latir, sin indicar hora alguna.

György Ligeti compuso en 1962 una obra de vanguardia, considerada post dadaísta, que intituló Poema sinfónico para cien metrónomos.

La partitura original se halla en un libro titulado En el espíritu de Fluxus, Walker Art Center, Amstrong-Rothsuss Editores. Otra partitura se publicó en 1982, por la editorial Schott.

El estudioso Manuel Rocha Iturbide, en julio de 2003, publicó un estudio de esta obra de Ligeti en la web Resonancias/Música electrónica.

Define la obra como una “situación que se enmarca en la Teoría del Caos”.

¿Qué se diría si analizamos estos Cien metrónomos desde el punto de vista de la Teoría de Cuerdas?

Porque Ligeti estipuló que sus metrónomos no eran eléctricos: había que darles cuerda, a ser posible la misma cuerda a todos, para que durara la obra entre quince y veinte minutos. También dejó instrucciones de la manera de colocar los metrónomos, sobre sillas de madera, sobre tapas de pianos, etc. Y preveía diez instrumentistas para poner en marcha cada uno un grupo de diez metrónomos “casi al mismo tiempo”, lo cual implicaba que los metrónomos dejarían de cliquear en momentos diferentes, también debido a las distintas velocidades de sus péndulos.

 
Manuel Rocha explica muy bien que la obra de Ligeti ofrece la paradoja de que “la discontinuidad existe de una manera continua”, y que “se trata de una obra de carácter cuántico”. Incluso se explaya en comentarios acerca de la neta influencia de las ciencias, y especialmente de la Física cuántica, sobre la música desde 1945 en adelante. Nosotros observamos que Dalí deseaba lo mismo en pintura, pero como los pintores son “un poco burros”, él -que era “demasiado inteligente para ser un buen pintor”, como repetía- fue casi el único de su generación que introdujo elementos científicos -partículas y subpartículas atómicas- en su pintura “místico-nuclear”. Muchos críticos ignorantes se burlaron de Dalí, pero en el ámbito de la música, los críticos son más respetuosos y mejor (in)formados: no se burlan de los Cien metrónomos de Ligeti.
 
Lo hermoso de esa obra de Ligeti consiste en que “el orden resurge -tras el caos- y se vuelve perfecto con un solo metrónomo cliqueando al final de la obra”. Ésa es la situación exacta que describe la Kabbalah, cuando se refiere a la reabsorpción de la Creación entera “en el seno y la unidad de Dios”, como si de un agujero negro de antimateria se tratase.

El metrónomo ha interesado mucho a los artistas de vanguardia, incluso a aquellos que no eran músicos. Por ejemplo, al ya citado Salvador Dalí, que dibujó lo siguiente:


Aquí se dice -en letra pequeña-  que este dibujo de Dalí era una ilustración para la Autobiografía (que no “biografía”) de B. Cellini, pero no es del todo exacto. Se trata de un boceto para la película de Hitchcock Spellbound.
 
Lo que está claro, es que Dalí se ha inspirado directamente en el metrónomo de Man Ray:
Man Ray - Indestructable Object

 En el siguiente enlace se puede ver la “secuencia del Ojo” diseñada por Dalí para  la película Spellbound:

 
http://www.vadecine.es/vadecine/index.php?option=com_content&task=view&id=614&temid=29

 El metrónomo permite meditar sobre la Ley del Péndulo, esa ley no escrita por humanos, y que por tanto no caduca, una ley bien conocida de los esoteristas, y que hace sufrir mucho a todos cuantos desconocen su existencia y poderío universal. La polaridad es un hecho incontestable: tiempo vs frecuencia; regular vs irregular; relajación vs tensión; inmovilidad vs movilidad; continuo vs discontinuo: Heráclito y Hermés no tienen fecha de caducidad.

El éxtasis, tampoco.

El metrónomo, sin lugar a duda, es un instrumento de tortura para el estudiante de música, pero también es una máquina para el éxtasis. Así lo quiso Ligeti en su Poema para cien metrónomos.

El éxtasis…

Cada cual tiene su método para llegar a él.

Dalí, por ejemplo, llegaba al éxtasis contemplando la reunión de quinientas lesbianas en un salón de Nueva York, o descubriendo a Harpo Marx en su jardín, desnudo y coronado con rosas -a la manera del Tetrarca de la ópera Salome, de Richard Strauss- rodeado por quinientas arpas, con un cisne blanco a su lado, un mítico cisne jupiterino al que el actor de Hollywood alimentaba dándole de comer una Venus de Milo esculpida en queso…

Y resulta que Dalí nunca dejaba perderse la oportunidad de revelarse al mundo como el gran heresiarca que era: un herético digno de las hogueras de la Santa Inquisición de Felipe II, nada menos que un Artotyritae, ya saben: los que comulgaban con queso, o sea, con relojes blandos.
 
 
En conclusión: ¡Ojo al metónomo! Desde Man Ray, es sabido que se trata de un

OBJETO INDESTRUCTIBLE.

NIN - Closer - indestructable object

 Y recuérdese que Beethoven, un día de furia, tiró por la ventana su metrónomo. Era el día en que el Danubio no quería cambiar de orilla pese al atractivo de los violonchelos. Vean las Memorias de Bettina Brentano relativas a sus encuentros con Beethoven. No inventamos nada. Ser sordo y genial era ya algo surrealista.

Metrónomo obliga.

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Acerca de labriot

Algunos de los temas en este blog: Danza, Arte de Acción, Humor surrealista, excentricidades filosóficas, y más.
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